
Allí, en la roca del Fin del Mundo, dónde la Fuerza infinita del Océano despliega todo su poder, se encuentra nuestro Percebe.
Su constante combate contra las olas rompientes le ha marcado. ¿Por casualidad? creció en el lugar inhóspito cuya sola visión atemoriza a los de su grupo.
Pero es fuerte. Su continuo soportar la adversidad le ha hecho fuerte. Un superviviente hecho a la adversidad. Es el más viejo de su grupo, y todavía es el más fuerte.

Sin embargo, nuestro Percebe ha conseguido plantar cara a sus depredadores, en especial, al Hombre. Muchos han caído en el intento de alcanzarle.

Vive protegido por sus propias cicatrices, por la misma adversidad de su destino.
Hasta que, algún día, el reposo de la Pleamar que la Luna otorga con las Mareas Vivas a nuestro Héroe, permita al depredador alcanzarlo gracias a unos extraños cilindros que le permiten respirar bajo el agua.
Pero, aún cuando ese día llegue, su destino será muy otro al del resto de su piña: El será respetado y apreciado, incluso por sus Depredadores, conscientes de que su fortaleza ha logrado acabar con algunos de ellos.
Será manjar en el más rico plato, la estrella indiscutible del mejor banquete. Su recuerdo le hará permanecer entre los vivos aún mucho después de su partida.
Y su vida habrá sido más plena de lo que ningún otro percebe se atrevería a soñar.
Él nunca se ocultó: siempre miró desafiante a su adversario. Consciente de su poder.
Nunca comeré un Percebe que no haya cogido yo mismo de la roca. Porque nadie morirá para que yo coma un Percebe.
Cuando yo los capturo, mido el riesgo. Cuando lo hace el Percebeiro, mide el dinero que piensa obtener. Por eso, a menudo, el Percebeiro muere y el Percebe permanece, sereno en su fortaleza.

Mui bueno post, Enhorabuena por ele,
ResponderEliminarSaludos